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jueves, 12 de marzo de 2015

La tecnología no se compra: está en los talentos que no sabemos atraer

El 12 de marzo del 2015 se ha promulgado la “Ley de Promoción de la Investigación Científica, Desarrollo Tecnológico e Innovación Tecnológica”. ¿Se espera algún resultado significo?

Tenemos solo la veinteava parte de investigadores que necesitamos para dicha investigación y hacemos poco para retener y repatriar a los que tenemos en el extranjero. ¿Cómo podemos promover la investigación sin investigadores?

Para que los empresarios inviertan en ciencia y tecnología con cierta probabilidad de éxito deben contar con investigadores. Los que están en el extranjero no van a venir si no hay una carrera del investigador. Para cambiar esta realidad, el Estado debe contar con talentos en sus instituciones de investigación para que, con su participación, los empresarios se vean tentados en invertir en ciencia y tecnología.

Las becas son buenas para crear talentos. Pero si no van acompañadas de una política que los retenga y atraiga, esas becas servirán para fortalecer a los países desarrollados que sí tienen una política de atracción de talentos.

El Presidente y el Ministro de la Producción reconocieron que estamos en la cola en internacional en tecnología. Sin embargo, todavía no se comprende que la tecnología no se compra. Tecnología es saber hacer, está en los cerebros de los científicos y tecnólogos que se van del Perú. Lo que se sigue comprando son productos tecnológicos.

Los fondos se pueden esfumar. Lo que está claro es que el gobierno que cambiará la historia del Perú es aquel que deje un ministerio de ciencia y tecnología capaz de atraer talentos y liderar el avance científico y tecnológico para exportar conocimiento, y que nos permita dejar de erosionar la biodiversidad para explotar las materias primas.

#partidodelaciencia

martes, 10 de marzo de 2015

Urgente necesidad de Ministerio de Ciencia y Tecnología para no seguir cayendo

CCL: EL PERÚ CAYÓ EN 25 DE LOS 48 ÍNDICES DE COMPETITIVIDAD GLOBAL DURANTE ÚLTIMO AÑO

Panorama preocupante. Durante el 2014 el Perú retrocedió en 25 de los 48 índices de competitividad global elaborados por diversas instituciones alrededor del mundo, reportó la Cámara de Comercio de Lima (CCL).Nuestro país avanzó en otros 13 índices y se mantuvo igual en 2. Mientras que en los 8 restantes no se pudo realizar la comparación ya que cambiaron de metodología o se realizaron por primera vez, indicó la CCL.En el índice general de Competitividad Global del World Economic Forum (WEF), el Perú cayó cuatro posiciones, ubicándose en el puesto 65 (entre 144 países). Asimismo, en el Marcador de Competitividad Global del Institute for Management Development (IMD), nuestro país retrocedió siete posiciones y ahora ocupa el puesto 50 (entre 60 países).
( Expreso Pág. 13 Diario Uno Pág. 9 Gestión Pág. 14 )

El IEDEP también observó que otra desventaja competitiva estructural del país es la baja capacidad de innovación. Según el Índice de Innovación Global 2014 el Perú se encuentra en el puesto 73 entre 143 economías del mundo retrocediendo cuatro posiciones respecto al 2013 y ocupa la sexta posición en América del Sur.


miércoles, 16 de enero de 2013

Manual para privatizar la ciencia y tecnología

 
Escribe Modesto Montoya
Desde los años 90, en el mundo corre la ola privatizadora de las funciones del Estado. Lo ideal parecería ser un Estado que capte recursos de la Nación y los entregue a las instituciones privadas para que se ocupen de todo lo que sea posible. Los temas de temas ciencia y tecnología no están excluidos de este esquema privatizador. Siendo así, veamos algunas normas que pueden servir para borrar progresivamente los rastros de investigación en las instituciones estatales.
Un primer paso es eliminar la necesidad de hacer tesis para optar por el título profesional universitario. Así no habrá gente capaz de investigar. También se recomienda inventar doctorados diseñados para no investigar.
Hay dinero del canon minero para investigación en las universidades públicas. Para que ese dinero fluya hacia la caja de las empresas privadas, sin hacer investigación, establecer normas que autoricen las construcciones de edificios, facilite las compras de equipos y, al mismo tiempo, prohíba remuneraciones y todo tipo de retribuciones para los investigadores.
El Estado provee fondos concursables para la investigación, la ciencia y la innovación. Para reducir el número de competidores de las universidades públicas, basta con establecer reglamentos de evaluación docente minimizando el peso de las publicaciones en revistas internacionales indizadas o de las patentes.
Para que los investigadores de los organismos públicos se les baje el entusiasmo por la investigación, basta con prohibir, en ellos, los ascensos en sus correspondientes niveles remunerativos. Y para evitar olas de nuevos investigadores que podrían venir entusiastas, basta con prohibir la incorporación de nueva gente al Estado que no sea militar, policía, diplomático, juez o penitenciario. ¡Todo menos investigadores científicos y tecnológicos!
Para hacer difícil la colaboración entre organismos públicos de investigación que se les ocurra presentar proyectos conjuntos, hay que mantenerlos desperdigados, desarticulados, en ministerios diferentes, sin un ministerio que podría fortalecerlos.
Disminuida la competencia de las universidades e instituciones públicas, los concursos serán mayormente entre empresas privadas. No faltarán apóstoles, pero no serán en número significativo que cambien el sentido del plan.
Los primeros resultados serán instituciones del Estado improductivas. Mejor, eso servirá como argumento para intensificar y consolidar la privatización de la ciencia y la tecnología. ¡No hay pierde!