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viernes, 11 de enero de 2013

Remuneraciones para talentos

Escribe Modesto Montoya
Presidente de la Academia Nuclear del Perú
Para tener mayores probabilidades de realizar sus visiones, las instituciones privadas o estatales atraen y tratan de mantener a los mejores talentos que les permitan sus recursos. Hay innumerables factores que toman en cuenta para ello. Por ser de actualidad en la realidad peruana, veamos el factor remuneraciones, a la luz de la teoría de juegos, la que se usa en el momento de tomar decisiones laborales, tanto por parte del empleador como del empleado.
Salvo casos especiales, la calidad profesional de los candidatos a un puesto de trabajo será, en promedio, proporcional al monto de las remuneraciones que el empleador ofrezca. Al mismo tiempo, esos montos serán proporcionales a la importancia que preste el empleador a ese puesto. En Corea del Sur, por ejemplo, las remuneraciones de los profesores son similares a las de un empresario medio. A los profesores se les conoce como los constructores de la Nación.
En algunas empresas tecnológicas multinacionales, a los investigadores científicos y tecnológicos de 30 años de edad se les permite cambiar su actividad por una de gestión, informándoles que, si siguen como investigador, y hacen bien su trabajo, llegarán a ganar igual que el gestor que alcance el mayor nivel.
En un país competitivo, los talentos son muy buscados. Los empleadores que cuenten con ellos están atentos a cualquier posibilidad de perderlos, e intentan guardarlos, otorgándoles los aumentos que sean posibles de ofrecer, y los mejores recursos para hacer su trabajo más placentero. En cambio, si el talento no alcanza las expectativas del empleador, no tendrá aumento e, incluso, correrá el riesgo de perder su puesto.
¿Y qué pasa con los aumentos generales, a todos los empleados? La experiencia muestra que no tienen un impacto significativo en la calidad de producción o de los servicios. Es más, desincentiva a los más productivos, los que, al no sentirse diferenciados por su productividad, aflojan el ritmo, o empiezan a buscar otro empleo. No nos referimos a los aumentos que siguen el incremento del costo de vida y la inflación, los que son necesarios para no disminuir el nivel de vida de la gente.
Es claro que la duplicación de la remuneración de un empleado no lo hará doblemente productivo. En las empresas exitosas, los aumentos constituyen parte del reconocimiento a los méritos de los talentos eficientes. Los recursos que disponen para incentivar a los talentos son usados para aumentar el sueldo a los más productivos y contratar lo mejor posible del mercado mundial de talentos.
La política de remuneraciones y pensiones del Estado muestran las prioridades que se presta a las profesiones. En ese sentido, los profesores y los investigadores científicos y tecnológicos parecen gozar de la preferencia estatal en Estados Unidos, Europa, Corea del Sur, China y otros países asiáticos, pero también en países vecinos como Brasil y Argentina. En el Perú, los investigadores emigran, atraídos por los incentivos que esos países.

domingo, 30 de diciembre de 2012

El inicio de una nueva era: el siglo del cerebro


Escribe Modesto Montoya

El cerebro, durante todas las etapas de la vida, aprende, crea, inventa, goza, sufre y controla el funcionamiento del cuerpo. Por ello no sorprende la creación de centros mundiales de investigación neurológica, los que han incorporado científicos interdisciplinarios, provistos de equipos e instrumentos de tecnologías avanzadas. Más aún, varios laboratorios, creados a mitad del siglo XX para dedicarse a la física nuclear y sus aplicaciones, ahora se ocupan en gran parte a investigar el cerebro.
A principios de los años 80 me encontraba en la Comisión de Energía Atómica (CEA) de Francia, investigando el proceso de fisión nuclear del uranio y del plutonio. La CEA fue creada en 1945 para investigar las aplicaciones civiles y militares de la física nuclear. Ahora se llama Comisión de Energía Atómica y Energías Alternativas. La CEA, entre otros, cuenta con un laboratorio (Neurospin) dedicado al cerebro, el que forma parte del proyecto CONNECT, en el que participan doce institutos deIsrael y de Europa. Usando las tecnologías de imágenes por resonancia magnética (IRM), el proyecto CONNECT ha elaborado un atlas del cerebro, a partir de seres vivos, para estudiar las interconexiones intracerebrales (materia gris) del ser humano. Así se abre un nuevo campo en las neurociencias. Se sabe que el cerebro cuenta con más de 50 mil millones de neuronas comunicándose entre sí, formando una red de alta complejidad. Ahora se podrá estudiar con precisión el rol de esas interconexiones en la fisiología y patologías del cerebro.
A mediados de los años 80 estuve en el Centro de Investigaciones Nucleares de Juelich (Alemania) con un equipo de científicos que usaba los rayos neutrónicos dereactores nucleares para estudiar materiales que almacenan hidrógeno. Los temas de conversación giraban entonces en torno al proyecto de una gran fuente de pulsos intensos de neutrones que permitiera mejores estudios de los materiales energéticos. Hoy en día, ese centro borró de su nombre la palabra nucleares y también investiga el cerebro.
Para optimizar los procesos cognitivos y para enfrentar enfermedades neurodegenerativas, el Centro de Investigaciones de Juelich trata ahora de comprender las componentes, las funciones y las formas de interconexión de las neuronas. Para las investigaciones sobre el cerebro cuenta con instrumentos de imágenes con los que se detecta tumores en una etapa suficientemente temprana como para asegurar su tratamiento exitoso. Con esos instrumentos también se identifica el origen bioquímico de los desórdenes de atención.
Hay varios otros centros exclusivamente creados para escudriñar los componentes del cerebro y sus funciones: sus logros son sorprendentes. En una reciente ceremonia en homenaje al físico nuclear Víctor Latorre, su alumno, el físico Fernando Ponce, cuyo hijo es neurocientífico, predecía que dentro de no mucho tiempo, los cerebros de cualquier nacionalidad, a los que se incorporará dispositivos nanoelectrónicos, podrán telecomunicarse entre sí con ideogramas, sin necesidad de usar los idiomas. En suma, estamos en tiempos en que el cerebro intenta conocerse a sí mismo: es la era del cerebro.