Escribe Modesto Montoya
El cerebro, durante todas las etapas de la vida, aprende, crea, inventa, goza, sufre y controla el funcionamiento del cuerpo. Por ello no sorprende la creación de centros mundiales de investigación neurológica, los que han incorporado científicos interdisciplinarios, provistos de equipos e instrumentos de tecnologías avanzadas. Más aún, varios laboratorios, creados a mitad del siglo XX para dedicarse a la física nuclear y sus aplicaciones, ahora se ocupan en gran parte a investigar el cerebro.
A principios de los años 80 me encontraba en la Comisión de Energía Atómica (CEA) de Francia, investigando el proceso de fisión nuclear del uranio y del plutonio. La CEA fue creada en 1945 para investigar las aplicaciones civiles y militares de la física nuclear. Ahora se llama Comisión de Energía Atómica y Energías Alternativas. La CEA, entre otros, cuenta con un laboratorio (Neurospin) dedicado al cerebro, el que forma parte del proyecto CONNECT, en el que participan doce institutos deIsrael y de Europa. Usando las tecnologías de imágenes por resonancia magnética (IRM), el proyecto CONNECT ha elaborado un atlas del cerebro, a partir de seres vivos, para estudiar las interconexiones intracerebrales (materia gris) del ser humano. Así se abre un nuevo campo en las neurociencias. Se sabe que el cerebro cuenta con más de 50 mil millones de neuronas comunicándose entre sí, formando una red de alta complejidad. Ahora se podrá estudiar con precisión el rol de esas interconexiones en la fisiología y patologías del cerebro.
A mediados de los años 80 estuve en el Centro de Investigaciones Nucleares de Juelich (Alemania) con un equipo de científicos que usaba los rayos neutrónicos dereactores nucleares para estudiar materiales que almacenan hidrógeno. Los temas de conversación giraban entonces en torno al proyecto de una gran fuente de pulsos intensos de neutrones que permitiera mejores estudios de los materiales energéticos. Hoy en día, ese centro borró de su nombre la palabra nucleares y también investiga el cerebro.
Para optimizar los procesos cognitivos y para enfrentar enfermedades neurodegenerativas, el Centro de Investigaciones de Juelich trata ahora de comprender las componentes, las funciones y las formas de interconexión de las neuronas. Para las investigaciones sobre el cerebro cuenta con instrumentos de imágenes con los que se detecta tumores en una etapa suficientemente temprana como para asegurar su tratamiento exitoso. Con esos instrumentos también se identifica el origen bioquímico de los desórdenes de atención.
Hay varios otros centros exclusivamente creados para escudriñar los componentes del cerebro y sus funciones: sus logros son sorprendentes. En una reciente ceremonia en homenaje al físico nuclear Víctor Latorre, su alumno, el físico Fernando Ponce, cuyo hijo es neurocientífico, predecía que dentro de no mucho tiempo, los cerebros de cualquier nacionalidad, a los que se incorporará dispositivos nanoelectrónicos, podrán telecomunicarse entre sí con ideogramas, sin necesidad de usar los idiomas. En suma, estamos en tiempos en que el cerebro intenta conocerse a sí mismo: es la era del cerebro.
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domingo, 30 de diciembre de 2012
El inicio de una nueva era: el siglo del cerebro
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Ciencia y tecnología: las barreras contra la investigación
Escribe Modesto Montoya (*)
Luego del lanzamiento del Proyecto de Innovación para la competitividad, que ahora cuenta 100 millones de dólares, financiado en parte con un préstamo del BID, el primer ministro Juan Jiménez recordó que, gracias al canon minero, las universidades estatales tienen 650 millones de dólares destinados a la investigación científica. El problema es que esos recursos no son usados, dijo, responsabilizando de ello a los rectores. ¿Cuál es realmente la explicación de la inacción que denuncia el jefe del Ejecutivo?
La ley señala que los recursos que las universidades públicas reciban por concepto del canon, sobre canon y regalía minera serán utilizados para el financiamiento y cofinanciamiento de investigaciones de ciencia aplicada relacionada con la salud pública y prevención de enfermedades endémicas; la sanidad agropecuaria; la preservación de la biodiversidad y el ecosistema de la zona geográfica de influencia donde se desarrollan las actividades económicas extractivas y utilización eficiente de energías renovables y procesos productivos; y financiamiento de proyectos de inversión pública vinculados directamente con los fines de las universidades públicas y que no contemplen intervenciones con fines empresariales.
De acuerdo a la ley 27506, los mencionados recursos serán utilizados exclusivamente para el financiamiento o co-financiamiento de proyectos u obras de infraestructura de impacto regional y local. Los gobiernos regionales entregarán el veinte por ciento del total percibido por canon a las universidades públicas de su circunscripción, destinado exclusivamente a la inversión en investigación científica y tecnológica que potencien el desarrollo regional.
Sin embargo, la ley pone una barrera que hasta ahora parece insalvable: estos recursos no podrán utilizarse, en ningún caso, para el pago de remuneraciones o retribuciones de cualquier índole. Entonces: ¿cómo incentivar a los investigadores que usen el canon, cuando está prohibido darles algún tipo de retribución?
Lo que ha resultado eficaz en Brasil y otros países es una ley del investigador científico y tecnológico, la que permite contar con equipos de investigadores con demostrada capacidad profesional, los que permanecen en la carrera mientras tengan resultados de sus investigaciones. Sobre una ley similar hay un proyecto en Congreso de la República del Perú. El primer ministro dice no tener conocimiento.
En realidad, el único poder del Estado que puede romper esa barrera es el Ejecutivo: el Congreso de la República no puede generar leyes que conlleven gasto. En consecuencia, en vez de seguir señalando responsabilidades en una sola dirección, el primer ministro debería proponer una modificación a la ley del canon minero, de modo que sus recursos sirvan para bonificar a los docentes y alumnos que participen en proyectos del canon, y contratar a los investigadores que sean necesarios para completar los equipos. Solo así hay alguna posibilidad de desembalsar el tesoro que el Gobierno, inexplicablemente, parece querer seguir manteniéndolo bajo siete llaves.
(*) Presidente de la Academia Nuclear del Perú
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