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lunes, 25 de febrero de 2013

Fotos sociológica del gobierno peruano



Escribe Modesto Montoya (Presidente de la Academia Nuclear del Perú)

En el Perú, las decisiones sobre políticas de gobierno las toman el Presidente de la República y el Consejo de Ministros. La composición profesional y sociológica del gobierno seguramente tiene algo que ver con el rumbo de esas políticas. Por otro lado, la imagen pública que acompaña a los ministros, como íconos sociales, en algo debe influenciar en la selección de la carrera y la universidad de los jóvenes egresados del colegio, los que, de profesionales, serán convocados para gobernar el Perú. De modo que, de alguna manera, la composición del Consejo de Ministros señala un sentido a la historia del Perú. Por ello el tema no es irrelevante.
El presidente del Perú es el comandante Ollanta Humala, egresado de la Escuela Militar de Chorrillos. La esposa del presidente, Nadine Heredia -quién no está en el gobierno, pero apoya a su esposo- es comunicadora y socióloga de la Universidad de Lima.

En el Consejo de Ministros del Perú hay 10 egresados de la Pontificia Universidad Católica del Perú (entre los que está el presidente del Consejo de Ministros), dos de la Universidad del Pacífico, dos de la Universidad Nacional de Ingeniería, una de la Universidad Católica de Santa María de Arequipa,  uno de una universidad norteamericana, uno de Universidad San Agustín de Arequipa, uno de la Universidad San Martín de Porres, uno de la Universidad Nacional de Ica.
Doce de los ministros son de universidades privadas, 6 de estatales y uno de una universidad norteamericana.

En lo que concierne a profesiones, en el Consejo de Ministros tenemos 7 abogados, 4 sociólogos, 3 economistas, 2 ingenieros,  dos administradores de empresa y un contador.

Uno de los ingenieros es titula de la cartera de Energía y Minas; otro en la de Vivienda Construcción y Saneamiento.

La composición del Consejo de Ministros puede tener innumerables interpretaciones. Algunos dicen que son cargos políticos y que no importa las profesiones ni el origen social. Lo importante son las ideas de gobierno. Si se toma esto como cierto, podríamos decir que, estadísticamente, los sociólogos y abogados tienen las mejores idea de gobierno.

Esperemos que los abogados y los sociólogos hayan sido formados para comprender el valor de la ciencia y la tecnología para el desarrollo del Perú. Sería una buena señal si sus hijos estuvieran siguiendo carreras científicas y tecnológicas.

Es probable que los ministros estén convencidos que las carreras de ciencia y tecnología son las mejores para el Perú y el mundo. Lo extraño es que, cada año, proponen una ley de presupuesto que permite que el Estado crezca sólo en número de militares, policías, jueces, diplomáticos y personal penitenciario. Los institutos de ciencia y tecnología tienen congelados sus números de científicos e ingenieros. Pero claro, en esto nada tiene que ver la composición del Consejo de Ministros. 

En todo caso, felicitaciones a la Pontificia Universidad Católica del Perú.
Lima, 25 de febrero 2013

domingo, 30 de diciembre de 2012

Ciencia y tecnología: las barreras contra la investigación


Escribe Modesto Montoya (*)

Luego del lanzamiento del Proyecto de Innovación para la competitividad, que ahora cuenta 100 millones de dólares, financiado en parte con un préstamo del BID, el primer ministro Juan Jiménez recordó que, gracias al canon minero, las universidades estatales tienen 650 millones de dólares destinados a la investigación científica. El problema es que esos recursos no son usados, dijo, responsabilizando de ello a los rectores. ¿Cuál es realmente la explicación de la inacción que denuncia el jefe del Ejecutivo?
La ley señala que los recursos que las universidades públicas reciban por concepto del canon, sobre canon y regalía minera serán utilizados para el financiamiento y cofinanciamiento de investigaciones de ciencia aplicada relacionada con la salud pública y prevención de enfermedades endémicas; la sanidad agropecuaria; la preservación de la biodiversidad y el ecosistema de la zona geográfica de influencia donde se desarrollan las actividades económicas extractivas y utilización eficiente de energías renovables y procesos productivos; y financiamiento de proyectos de inversión pública vinculados directamente con los fines de las universidades públicas y que no contemplen intervenciones con fines empresariales.
De acuerdo a la ley 27506, los mencionados recursos serán utilizados exclusivamente para el financiamiento o co-financiamiento de proyectos u obras de infraestructura de impacto regional y local. Los gobiernos regionales entregarán el veinte por ciento del total percibido por canon a las universidades públicas de su circunscripción, destinado exclusivamente a la inversión en investigación científica y tecnológica que potencien el desarrollo regional.
Sin embargo, la ley pone una barrera que hasta ahora parece insalvable: estos recursos no podrán utilizarse, en ningún caso, para el pago de remuneraciones o retribuciones de cualquier índole. Entonces: ¿cómo incentivar a los investigadores que usen el canon, cuando está prohibido darles algún tipo de retribución?
Lo que ha resultado eficaz en Brasil y otros países es una ley del investigador científico y tecnológico, la que permite contar con equipos de investigadores con demostrada capacidad profesional, los que permanecen en la carrera mientras tengan resultados de sus investigaciones. Sobre una ley similar hay un proyecto en Congreso de la República del Perú. El primer ministro dice no tener conocimiento.
En realidad, el único poder del Estado que puede romper esa barrera es el Ejecutivo: el Congreso de la República no puede generar leyes que conlleven gasto. En consecuencia, en vez de seguir señalando responsabilidades en una sola dirección, el primer ministro debería proponer una modificación a la ley del canon minero, de modo que sus recursos sirvan para bonificar a los docentes y alumnos que participen en proyectos del canon, y contratar a los investigadores que sean necesarios para completar los equipos. Solo así hay alguna posibilidad de desembalsar el tesoro que el Gobierno, inexplicablemente, parece querer seguir manteniéndolo bajo siete llaves.
(*) Presidente de la Academia Nuclear del Perú